Han acabado los días en que se consideraba al mar como inagotable y que se podía pescar continuamente y sin un plan de manejo. Las acciones del ser humano han tenido un efecto devastador sobre los recursos marinos y costeros y su equilibrio natural.
La amenaza de un mundo sin peces es hoy una realidad que debe preocupar a gobiernos, pescadores, empresarios, tomadores de decisión, turistas y demás usuarios del mar.
El 80 por ciento de las poblaciones de peces para las cuales existe información están plenamente explotadas o sobre-explotadas y han sido severamente reducidas.
Entre los múltiples factores que afectan la salud de los ecosistemas marinos, ninguno tiene tanto impacto como la pesca.
El ser humano realiza capturas desde hace miles de años, pero en los últimos cincuenta, la tecnología ha permitido ir más lejos, más profundo y ser más eficientes
La sobrepesca, la industria ilegal, no reportada y no regulada, el daño al hábitat y la pesca incidental (captura de peces no objetivo) son algunos de los temas más apremiantes.
En este contexto, es necesario implementar acciones integrales que permitan regular la extracción de los recursos pesqueros y generar alternativas viables para las comunidades costeras.
Existen varias definiciones para este concepto. Sin embargo, la que ha sido divulgada por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), lo define como:

“Un proceso público para analizar y asignar una distribución espacial y temporal de las actividades humanas en áreas marinas, con el fin de alcanzar objetivos ecológicos, económicos y sociales que han sido especificados por medio de un proceso político.”
Se requiere de un enfoque integral para abordar las actividades que se realizan en el mar, tales como la pesca, la explotación minera, la contaminación, el desarrollo no-planificado de infraestructura y la navegación.
La respuesta está en un adecuado ordenamiento espacial y temporal de las actividades humanas en el mar, que contemple la prosperidad de las comunidades e industrias marinas, asegurando a la vez la conservación de los ecosistemas marinos.
Orientada hacia la conservación y uso sostenible de los recursos, bienes y servicios marinos y costeros, la Fundación MarViva labora en áreas estratégicas dentro del Pacífico Tropical Oriental, que obedecen a un ordenamiento de usos del mar.
Tras más de ocho años de incansable investigación y trabajo de campo, se ha identificado la necesidad de ordenar las actividades humanas en el mar.
• Político es decir, fundamentado en un mandato del Gobierno.
• Público, ya que se construye, mantiene y evalúa de manera participativa.
• Interdisciplinario, requiere la colaboración y el trabajo en un equipo.
• Integrado, incluye las interrelaciones entre las actividades de la zona, las competencias administrativas y las normas existentes.
• Decisivo, que implica tomar decisiones sobre ubicación espacial y temporal de actividades humanas en toda la columna de agua.
• Localizado, porque el espacio geográfico está delimitado y es lo suficientemente extenso para incorporar procesos relevantes de los ecosistemas.
• Adaptativo y dinámico, se debe someter a evaluaciones constantes para mejorarlo.